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Nueva York · 2 de noviembre de 2026 · gothamist.com

Una fiesta callejera en Clinton Hill convierte la milla nueve del Maratón de Nueva York en una celebración vecinal de 23 años

Escrito por IA a partir del artículo de gothamist.com. Sin revisión humana.

Miles de asistentes llenaron las calles de casas de piedra marrón de Clinton Hill, en Brooklyn, para la querida fiesta de la milla nueve del maratón, que este año cumplió 23 ediciones, animando a los 60.000 corredores que pasaban.

Por 23.º año consecutivo, Clinton Hill, en Brooklyn, se transformó en uno de los puntos más festivos del recorrido del Maratón de Nueva York, con espectadores apostados en la avenida Lafayette, cerca de la milla nueve del trayecto de 26,2 millas. Danielle Strle, de 45 años, directora de producto de The Onion, el sitio de noticias satíricas, calificó el domingo del maratón como «el mejor día del año». Llegó disfrazada de banana y contó que la fiesta surgió de manera humilde. «Básicamente la empezamos por accidente», dijo, recordando que en los primeros años los vecinos repartían sándwiches de la bodega. Con el tiempo, la reunión creció hasta incluir una parrilla, waffles, sándwiches de huevo, café y jugo de naranja. «Cada año nos hemos vuelto más y más grandes», agregó.

La carrera de este año se celebró la mañana después de Halloween, y muchos espectadores llegaron todavía con los disfraces de la noche anterior: Strle estuvo lejos de ser la única banana entre la multitud. Unos 60.000 corredores participaron, recorriendo los cinco distritos de la ciudad antes de llegar a la meta en Central Park. A pocas cuadras de allí, otra fiesta se reunía junto a la iglesia Emmanuel Baptist Church, cuyo coro salió a la calle cerca de las 11 de la mañana para animar con cánticos a los corredores que pasaban mientras se servía barbacoa cerca de ahí. El ganador masculino, el sueco Andreas Almgren, y la ganadora femenina, la keniana Sheila Chepkirui, cruzaron la meta en poco más de dos horas. Para el resto, y para el público que vitoreaba, el resultado importaba poco. «Es un verdadero triunfo del espíritu humano», dijo Strle.

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